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Estereotipos nasalesSI YO fuera francés no me ducharía por una semana, me peinaría con los dedos y me dejaría una barba de tres días, cuidadosa y premeditadamente "casual". Comería queso camembert y le echaría a la chaqueta de vestir un chorro de perfume para disimular los sospechosos olores y para que el sudor se mezclara y produjesen una alquimia seductora, amén de relegar el desodorante al más sucio de los sitios: la basura. También conduciría mi coche descuidadamente y a mayor velocidad que la permitida y pondría en el tocacintas una chanson que me dijera que bajo el cielo de París todo es mejor y más encantador. Si yo fuera francés, tampoco me lavaría el pelo, por lo menos por una semana y vería cine denso, inentendible, del tipo indigestivo: cine arte. De momento soy francés y debo confesar que me encanta el cine de Jean Luc Godard. Si tú fueras francesa, me olerías con agrado, nos olfatearíamos y después de intercambiar confusos sonidos nasales te diría que mejor nos fuéramos a tomar un café au lait en la cafetería de la esquina. Si de verdad fueras francesa, no llevarías una bolsa de marca ni menos un pañuelito de seda diseñado por un modisto de primera línea, lo que en Montparnasse sería considerado una vulgaridad. Tampoco te pondrías esos desabridos dos piezas color té con leche y me mirarías a los ojos cuando te enfrento en el Metro (te recuerdo que el metro con minúscula es un invento francés). Si fueras francesa, digo, porque eres francesa a tu manera: tomas cada noche ese religioso baño, contraponiéndote a la ortodoxia y me confundes cuando trato de encontrar tu arrebatador aroma putrefacto. Lo del vino Cotes du-Rhône también me despista, porque bebes una copa y te embriagas y yo pensé que estaba contigo en el Quartier Latin, y tú conmigo en les Champs-Élysées, pero resulta que estabas en cama, con jaqueca y en vez de gritarme, como lo hacías en las galerías Lafayette -armando otra más de tus inconfundibles escenitas-, me ponías carita de niña linda y me pedías perdón, al tiempo que engullías un croissant de dieta. No, rien de rien. Si fueras francesa, no te gustaría Mickey Mouse ni en pintura, porque tú y yo sabemos que ningún francés que se enorgullezca de serlo se iría a meter al Euro Disney. No me engañes más, ¿quieres? Osaka, 1996 |
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