Los japoneses se hacen los suecos

CON LOS extranjeros, en general, los japoneses se hacen los japoneses. En el extranjero, los japoneses se hacen los extranjeros (menos los turistas de viajes organizados que se van a España, por ejemplo, para probar la comida china que se cocina en la península). Con los coreanos y otros pueblos de Asia, se vuelven a hacer los japoneses. Con los americanos, se hacen los asiáticos (basados en las corrientes animista, confusionista, taoísta, budista y varios "istas" más). Pero con los chinos se hacen, sorprendentemente, los suecos.

Si usted, amigo lector, se ha perdido en el embrollo de nacionalidades, no se preocupe, se lo explicaremos. El verdadero pez gordo asiático es China, no los pececillos de colores del Sudeste, que más bien parecen escamas de la cola de un celacanto (un pez tan antiguo como un dinosaurio). El pez gordo está a punto de comerse al pequeño: Taiwan. Antes del festín, el único comensal, preocupado por la democratización del bocado, ha decidido hacer todo tipo de ceremonias para anunciar el banquete: Fuegos artificiales misilísticos, viajes de veinte mil leguas en submarino, ruido de petardos en los pasillos de la Casa Blanca, etc. Aunque en Washington aseguran que EEUU no perderá la cola de un mordisco cuando el celacanto devore a la rémora, en otras partes de Asia se toman seriamente los refunfuños de China. No importa que la atención mundial se concentre en este problema de las dos o las tres (o las cuatro o cinco) Chinas, el periodismo y la diplomacia japoneses se hacen los suecos.

Las detonaciones nucleares producidas por Francia en su apartada colonia polinesia siempre han causado mayor impresión en Japón que aquellas realizadas por China a sólo unos cuantos kilómetros de Tokio. El gobierno japonés se ha hecho el sueco incluso cuando uno de sus agregados militares fue arrestado por Beijing, violando toda inmunidad diplomática. La prensa no puede hacer menos. El consumo de fideos sínicos ha crecido. El pueblo japonés bebe té jazmín y los inversores aumentan sus cuotas de participación en el mercado chino.

Mientras que el resto del mundo está pendiente de los orfanatos de la muerte chinos, donde se han dejado morir, presuntamente, a miles de niños huérfanos, la prensa japonesa ha izado la bandera de Suecia. El silencio sepulcral de los japoneses ante estos hechos contrasta con el bullicio que se escucha en los restaurantes que sirven el tradicional pato Pekín.

Apuntémonos en los cursillos de lengua china y hagámonos, también, los suecos.

Osaka, 1996