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Fierecillas indomadas ICONTINUANDO CON el tono docto de entregas anteriores de esta columna, hoy les daremos los primeros consejos a las mujeres hispanohablantes de cómo volverse fierecillas japonesas, sobrevivir y llegar a controlar la maquinaria social de este país. Cómo, en resumidas cuentas, manejar a los machos japoneses. En el proceso de aprendizaje cabe la posibilidad de adoptar una personalidad histérica, así que les rogamos ir tanteando un poco las situaciones y no tomárselas tan a pecho; buen pulso, por favor. 1. La sociedad japonesa considera la debilidad un atributo femenino. Una mujer es y debe ser débil, y punto. Si su carácter es fuerte (de armas tomar) estará cada vez más cerca de la senda del matrimonio concertado (omiai). Le aconsejamos no tomar decisiones importantes, dejarse llevar por la indecisión del macho, aunque él se demore cincuenta minutos en decidir qué plato del menú escoger en una cita romántica, mientras los camareros rondan su mesa como moscas. 2. No lo mire fijamente porque puede cortarlo. Al igual que en el metro, las miradas penetrantes latinas (y particularmente las de los Andes) petrifican al interlocutor. Trate de suavizar sus ojitos cautivadores y fieros, pintándose para ello un lunar al estilo hindú, que rompa la concentración del rayo láser, ese haz de mirada hechicera de la mujer latina. Hágase la niñita pre-puber. Coquetee como lo hacía cuando jugaba al "papá y la mama'" con el vecinito. 3. Vístase disparatadamente jovial, rayando en lo infantil. Vaqueros y jardineras vienen bien para su propósito. Pelo largo y suelto. La combi- nación debe ser desabrida. Simule ser una osita de felpa. Sólo utilice ropa seductora cuando el juego esté decidido, es decir, cuando las cartas estén sobre la mesa. Siga rigurosamente la moda. 4. No trate ningún tema importante. Ni se le ocurra hablar de política ni economía. No analice la sociedad japonesa. No critique. Al japonés le importa más la forma que el fondo. Es mejor si no habla nada durante la cita. El piensa que es más importante tenerla allí, como objeto de decoración. Vale más la continuidad que el contenido; dos o tres citas sosas valen más que un encuentro lleno de sentido pero fugaz. Le recomendamos los siguientes temas trascendentales: a) música popular, b) música popular y c) música popular. 5. Procure obtener objetos, bolsos, poleras y accesorios bonitos (kawaii). Vuélvase una fan del mundo Disney. Emblemas de Mickey Mouse, el Pato Donald o Hello Kitty (Kitty-chan). Ponga pegatinas de los representantes de Fantasilandia en el teléfono, el cuaderno de japonés, su bolsa, la lámpara fluorescente, etc. Por sobre todo, adopte la sicología y forma de pensar de estos simpáticos dibujitos animados. Sea Ud. misma kawaii. 6. Imposte la voz. ¿Reconoce la dulce voz de soprano de la chica de sombrero del ascensor de la tienda de departamentos, que indica amablemente que ha llegado al quinto piso? Imítela. La idea es que su voz se escuche como una niñita que acaba de perder sus dientes de leche. Sea tierna, juguetona y mimadilla. 7. Cuando esté con sus amigas y su pretendiente esté cerca, ríase de cosas tontas y forme un corro gracioso. Llame la atención por medio de bromas, pero no se salga del corro. No sobresalga del grupo. Su pretendiente, de seguro la estará mirando, pero usted no se da cuenta. 8. Cuando quiera conseguir algo en la oficina, la escuela, la familia, o en cualquier lugar, llore. Llore y diga "perdón, lo siento". No importa que no pueda hacer su trabajo bien, sólo pida perdón, llore y diga las palabras mágicas. Los machos del lugar se derretirán y acudirán a ayudarla. Hágase un poco (pero sólo un poco, por favor) la histérica. Quedarán rendidos a sus pies. De allí al altar de plástico de la capilla en miniatura del hotel, hay solo un paso. Esperamos que estos consejos sean de utilidad. Hoy nos hemos referido a los aspectos más externos de la femineidad japonesa. En nuestra siguiente entrega analizaremos mecanismos ocultos que la convertirán en una experta seductora. Buena cacería. Osaka, 1996 |
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