Fierecillas indomadas II

ESPERAMOS QUE nuestros lectores hayan aprevechado la columna anterior; particularmente las lectoras de corazón latino o mediterráneo. Suponemos que todas ustedes visten ahora como anunciadoras de programas infantiles, siguiendo el tierno estilo de la estrella brasileña de televisión Xuxa: miraditas ambivalentes (sensuales e infantiles); cabello suelto y sedoso; conversación exhuberante, la J-League (liga japonesa de balompié), béisbol o música popular, como les habíamos recomendado; voz de ascensorista de grandes almacenes. Resumiendo, unas doncellitas que siguen la línea y accionar de la chicas bonitas o kawaii.

Hoy ahondaremos en los mecanismos internos de las relaciones que permiten que la mujer japonesa alcance una cuota de poder, que de otro modo nunca detentaría, y la forma en que la mujer hispanohablante puede beneficiarse de estos modelos conductuales.

1. Sáquele partido a su condición de mujer-objeto. El rol de la mujer en esta sociedad es el de artículo de decoración: cajera bonita de banco; experta en infusiones de té; modelo porno kawaii (se desviste fingiendo no saber lo que hace, poniendo caritas de niñita que no quiebra un huevo); gatúbela de macho yakuza; consumada artista de Ikebana (arreglo floral); aburrida ama de casa o compañera (contigo pan y cebolla, pero en Japón más cebolla); voz sensual de club de conversación; bodeguera y mechero humano, enciende cigarrillos y sirve copas en los snacks (bares con azafatas), etc. Los lectores estarán de acuerdo en que es difícil aprovecharse de estas situaciones, sin embargo no se desesperen. Apueste doble. Si una chica japonesa se hace la inocente avecilla, usted compita haciéndose la cándida dos veces. Hágase la frívola, pero no caiga en bajezas. Siga la corriente y al mismo tiempo apunte a sus objetivos. Hágalo sentir como el hombre más varonil y enérgico del mundo. En otras palabras, finja ser débil.

2. La inseguridad del japonés hace que se guíe por los patrones de la mayoría. Hoy día los jóvenes de Osaka cargan una mochila llena de papeles de periódico arrugados, pretendiendo ser fuertes expedicionarios, sólo por seguir la moda. Conozca las movidas de jóvenes y adultos; adelánteseles en el juego de la seducción. Compre en cualquier librería los manuales masculinos de cómo hacer citas y los itinerarios de la primera, segunda y sucesivas salidas o paseos. Tradúzcalos y entérese de los pasos que seguirá su víctima.

3. La técnica del yoyó. Cúidese de las preguntas capciosas. En ediciones pasadas vimos cómo nuestros anfitriones son expertos en el arte de la inquisición sagaz para obtener información, producto de la inseguridad de la que hablábamos en el apartado anterior. La crítica que no pueden pronunciar directamente es elaborada en forma de preguntitas. También lo es la forma de obtener información. Léase los clásicos sofistas y después juegue al yoyó o al ping-pong (dos juegos chinos, curiosamente), subiendo y bajando o devolviendo la pelotita.

4. Telefonía móvil. Obtenga un teléfono celular o en su defecto un buscapersonas. Este punto no tiene la profundidad de los anteriores pero qué le vamos a hacer: las citas, las riñas, los encuentros y los desencuentros se hacen por medio de estos complejos aparatos. La idea es añadirle cuotas de fetichismo auricular a algo tan simple como hablar personalmente en una cafetería. Use el teléfono. Despiste y colabore con los accionistas de las telefónicas inalámbricas.

5. La trampa del misterio. Usando el equipo del apartado de arriba, dígale que quiere quedar para la semana entrante en el bar de costumbre para hablarle de algo importante (usando la técnica de la rigurosa programación o antelación japonesa). Cuando él inquiera la minuta o contenido de la conversación, señálele que en realidad no es importante, pero que en realidad mejor lo aclaran el día indicado. El hombre japonés morderá sin remedio el anzuelo y pensará en usted toda esa semana, comiéndose las uñas. El "Mistery quiz" pega fuerte en este país, si no lo cree, encienda la tele.

Esperamos que estos consejos le ayuden en su tarea de supervivencia emocional en Japón. En caso de que no les sirvan, diríjanse a la sección "Kokoro" (consejería sentimental) de este mismo periódico. Buena cacería.

Osaka, 1996