|
EncarnacionesENTRE SEÑORA, pero sobre todo señor. Entren señoritas, pero sobre todo hombrecitos. Yo, semidesnuda, semivestida, semisensual, semicelestial, semidiabólica, semidivina, les espero cantando una preciosa cancioncilla de cuna. Libere su imaginación, señor oficinista. Piénseme como quiera, encadenada, subyugada a sus deseos en el mundo de fantasía de su inconsciente. Rompa con su reaccionario "Super yo". Sienta mi piel de fino grano, cuyo color de celulosa ha sido trucado por la tinta de la imprenta. Entren caballeros, entren chicos guapos, aquí estoy encaramada en el altar de la seducción del cómic, con mi vestimenta de diseño, en esta megatienda, cantando las últimas melodías de diseño, ganándome veinte mil yenes la hora, gracias a sus libidinosas pulsiones, con mis movimientos (hay que decirlo) de diseño. Usted contemplará mi cuerpo esbelto, delgado, mis dotes (hay que recordarlo) de mujer de diseño. He sido elegida entre cientos de aspirantes reales para personificar la realidad virtual de las viñetas; el personaje de alargadas piernas, cinturita minúscula y poco busto; ojos más bien grandes, saltones y brillantes; cabello largo y sedoso. Si usted ha soñado con ella, es decir, conmigo, acérquese. Son escasas cinco manzanas, desde el centro de Osaka. Pase el túnel que comunica el mundo exterior con el interior fantasioso de la tienda. Deje su portafolios, su cartera, incluso su chaqueta, en consigna, pero no olvide su billetera, le hará falta al salir. La fantasía es animada por las mil caras de Soseki Natsume y las diez mil de Yukichi Fukuzawa. Relájese. No se deje llevar por la minifalda de la recepcionista, sepa que lo bueno está aquí; lo bueno soy yo sobre el escenario, interpretando la marcha de las niñas pudibundas, heroínas que salvaron al planeta tierra de la invasión de los feos y bochornosos monstruos de tinta. Sepa que canto por usted, que vivo por usted pero no para usted, que eso es ilusión. No sea necio, le quiero pero no se aproveche. Le deseo como el sol a los planetas, pero no se salga de órbita. No me haga proposiciones deshonestas. No mire demasiado mi escote, menos intente tocar la fruta, que hay guardias, ¿sabía? Y ellos mueren también por mí. Usted, además, no es un personaje de historietas, como yo. Usted es grandecito, tiene pelo en el pecho y su sudor maloliente está impregnado en la camisa, y yo soy la inocencia, la lavanda arrebolándose en el aire, ¿no lo entiende? Mientras me sueña, al tiempo que me ve en directo, navegue por las estanterías, escoja su revista favorita o aproveche para adquirir el número atrasado que le impedía tener la colección completa de mis aventuras fasciculares. Comprenda que me compra al tiempo que me vendo. Y usted me adquiere al tiempo que se vende. Usted y yo nos vendemos, y ¿quién no lo hace? ¿Quién no está a la venta? Por eso pase, adelante, tienda la mano y acaricie las páginas. Las protuberancias, por ma's figuradas que éstas puedan ser, son naturales. Osaka, 1996 |
|