Pescadores de hombres

EL GURÚ despegó del suelo de la prisión. Era una especie de invunche (brujo de la isla de Chiloé, en Chile, que vuela gracias al poder de un chaleco confeccionado con piel humana). Los gruesos muros de su celda son como una cueva de conejo de meditación. Seguramente Asahara alcanzará el Nirvana IV en esa estrecha e improvisada residencia.

El Nirvana I, ese estado de iluminación mental, lo alcanzó cuando lo reprobaron en el examen de ingreso a la Universidad de Tokio y comprendió que si quería alcanzar cierto grado de poder dentro del apretado sistema japonés debía buscar una vía paralela.

El Nirvana II lo obtuvo cuando se lo llevaron preso por vender ungüentos y bálsamos de fierabrás. El joven masajista entendió que la policía persigue a los falsos químicos y galenos pero no a los falsos dioses ni profetas y cambió las etiquetas de sus brebajes dedicándose a la venta de agua bendita y a la práctica del yoga.

El Nirvana III le llegó de rebote, en la posición del loto y debajo de una higuera hindú. Los refunfuños del Maestro se hicieron eco en el Everest. El gurú japonés le exige al Dalai Lama una carta de recomendación para usarla en el proceso de concesión de estatuto de entidad religiosa de la organización que más tarde se llamaría "La Verdad Suprema", a cambio de una donación de 150 mil dólares para los hermanos budistas en el exilio. El Dalai olió a gato encerrado, aceptó la donación pero rehusó firmar de su puño la recomendación.

Desde su cómoda habitación emite sus órdenes y encíclicas de la Pax Suprema, mientras todos nosotros tratamos de tragarnos sus palabras. No necesita usar palomas mensajeras, que para eso están los medios de desinformación (incluída la TBS), los jueces, los fiscales y los abogados defensores. Las víctimas del ataque de gas han descubierto que no pueden vivir ya sin él y sintonizan ansiosos sus teleprédicas. La Corte de Tokio se ha vuelto púlpito del Maestro. Jueces y fiscales están a punto de convertirse del ateísmo, el shintoísmo y el budismo a la "verdad supre- mista". Mañana es Aquelarre.

El sol nace en el país del Sol Naciente. Seguidoras fanáticas se personan en el Centro de Detención de Tokio. Con radares, sensores y medidores de ondas electromagnéticas andan a la cacería de las buenas vibraciones del Maestro. Si no fueran féminas uno diría que son "cazafantasmas", de algún centro de investigación esotérico londinense. Confiesan que lo desean aun después del fiasco público. Revelan que necesitan su energía y hasta quizá algo más. Nada de raro porque el Maestro iniciaba a algunas escogidas llevándoselas al ruedo de las sábanas, y en su templo, las energías positivas se reparten en dosis (a veces fatalmente) adictivas. Sus fanáticas parece que no se enteran de que el Maestro ha declarado que en prisión ha perdido sus poderes. Si vieran la televisión quizá se cambiarían a otro culto más hermético, morboso y excitante.

El David Koresh japonés está mejor que nunca en el Centro de Detención. Ha cambiado las profecias de Nostradamus y las predicciones apocalípticas por los mensajes de paz y amor. Se nota que ha estado meditando profunda- mente. Ha dejado el tonito de las revelaciones "finalmundistas" por la dialectica y la ambiguedad. Y hay que ver que lo hace estupendamente, por algo fue maestro de el ex relacionador público Jyoyu; no por nada creó un corpus sapiencial doctrinario. El mismo barbudo que hace unos años se candidateaba a diputado utilizando a todos sus seguidores y el poder de su corporación religiosa sociedad anónima, ahora declara que su cofradía no persigue el poder político. El mismo graciosillo que andaba prófugo (y si se pensaba inocente, no entendemos por queé rehuía la justicia), acusado de miles de crímenes menores y algunos mayores (entre ellos un ataque masivo de gas) ahora promete, como un niñito después de ser sorprendido robándose algunos caramelos, que no delinquirá más. No sabemos si cruza los dedos. No sabemos si sus declaraciones las juró antes con una mano sobre la Biblia, un compendio de mantras budistas, el Chou King, el Corán o El libro sagrado de Aum, escrito por un tal Asahara. Lo cierto es que el hombre tiene a medio Japón hipnotizado y en estado de confusión. Y a río revuelto, ganancia de pescadores.

Osaka, 1996