Feudaliae Summa

HAY PATRIAS cuyos statu quo (el estado de los asuntos) son huesos duros de roer. Patrias que no adoptan cambios fácilmente y que prefieren el estado actual de los asuntos sociales, pero Feudalia es realmente asombrosa. Su statu quo es más statu y más quo que el de ningún pueblo del orbe.

Hay que ver que esta es una cultura milenaria poco mellada, poco dada a las metamorfosis kafkaianas y más bien inclinada a las resurrecciones desde las cenizas de las aves fénix. De otro modo no entendemos cómo desde hace cinco o más años no intenta cambiar el rumbo de los acontecimientos, no piensa vacunarse contra los bacilos, la peste bubónica y la sífilis, ni limpiarse de las lacras que la acosan por todos los frentes sociales; cómo no reacciona a la decadencia y la degradación social.

Hagamos una breve relación del statu quo feudalés. Una suerte de Feudaliae Summa. El corrupto sigue quedándose con el oro y el honrado y pobre con el oropel. Los bribones y sus cófrades se llenan los bolsillos de plata y sus hoyos financieros son rellenados con circulante público de níquel de baja ley y alto costo.

A un representante de estos señores feudales, sin duda un conde, le bajó hace un tiempo un súbito amor por los bonsai y decidió gastarse lo que no tenía (realmente tenía suficientes denarios pero prefirió no romper su propia alcancía) en un bosque enano gigante que será amortizado por todos los contribuyentes y que en los próximos días será declarado Parque Nacional por la Dieta. A otro, operador de futuros que se las dio de vidente del futuro, de más alcurnia y cobre específico, le picó el bichito de la especulación especulativa y perdió nada más ni nada menos que 1.800 millones de dólares en un plazo de 10 años. Nadie dijo nada. El Superintendente de Valores es un tío muy comprensivo.

La prensa, la tele, los heraldos y voceadores de las plazas no palpitan en Feudalia, porque si los periodistas se salen de libreto los expulsan de los clubes de golf o de caza con halcón y de los clubes de periodistas, y acto seguido los excomulgan. Sin embargo, es mejor que no se atengan al libreto. Cuando rompen el guión preestablecido, asesinan o se convierten en cómplices de asesinato. No hace mucho un grupo de ellos violó el secreto profesional y ayudó a que un culto despiadado asesinara a su fuente de información: un abogado (hay que ver que hay pocos como él) que se jugó la camisa y la vida por proteger a la sociedad que le dio muerte. Pero no hay que preocuparse por nada. Feudalia no tiene escuelas de periodismo, no hay comités de ética y la única ley que vale en sus comarcas es que no hay ley, es decir el derecho consuetudinario está en su apogeo. Todo aquí se arregla por debajo de cuerda y en voz baja.

Cuando la putrefacción de los cuerpos afectados por la peste bubónica excede los rangos permitidos por el Ministerio de Sanidad, a lo sumo se dimite y todo sigue igual que antes en la perpetuación ad infinitum del statu in quo. A propósito del Ministerio, doce personas, no hemofílicos, han muerto por el uso de plasma sanguíneo que contenía el virus del sida y que era producido, distribuido y comercializado por una empresa de Alquimia obscurantista llamada Cruz de la Muerte.

Ahora que se sospecha que ex alguaciles feudaleses participaron en el gran timo de las tarjetas de pachinko (salones de juego con máquinas pinball) todo se vuelve, si me perdonan el oxymoron, más oscuro y más claro a la vez. No por nada la industria del pachinko es la primera de esta patria cuya facturación indocumentada (otro oxymoron) es superior a la industria de carros de arrastre, carretas y coches de tiro. Pero esto no es todo. La summa se completa con los estrechos vínculos entre las cofradías ilegales de seguridad (léase yakuza, la mafia japonesa) y algunos almacenes y grandes corporaciones. Esta semana todas las juntas de accionistas se han hecho el mismo día con tan buenos resultados que se han convertido en meros trámites para que los encapuchados cobren su diezmo y los superintendentes se vayan de copas.

Si la ceguera feuladelesa es endémica, la visión mundial se ha afinado en el curso de la d'ecada. Nadie se traga eso de las diferencias culturales. En un planeta que camina, querámoslo o no, a pasos agigantados hacia la mundalización y la normalización, los matices genéricos han perdido importancia. Feudalia está haciendo el ridículo en todo el orbe. Sus mercaderes, sus cortes y emisarios han perdido la credibilidad internacional y son puestos en tela de juicio en todos los reinos e imperios y en todos los ámbitos y quehaceres humanos. ¿Cuando el dinero no pueda comprar la amistad internacional qué será de esta patria? No hay peor ciego que el que no quiere ver. Imprimatur.

Osaka, 1996