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Los sueños de HideyoshiLA SERIE DE TV sobre la vida de Hideyoshi Toyotomi ha calado hondo en el sentir japonés. Las cartas de sintonía le adjudican sobre un 35 por 100 del espectro nacional de telespectadores. Sin lugar a dudas, uno de los programas más vistos del año en curso. De origen campesino, Hideyoshi (1536-98) se convirtió a temprana edad en vasallo de Oda Nobunaga, señor feudal que pretendía unir Japón en una gran nación. Después de la muerte de Nobunaga, a manos de Akechi Mitsuhie, uno de los mismos súbditos de éste, Hideyoshi se encarga de vengar a su señor, alcanzando posteriormente el poder y continuando la tarea de unificación de su mentor. Sin embargo, su origen humilde siempre le pesó y fue una de las razones por las que nunca recibió el título de generalísimo (shôgun), teniendo que conformarse con el de regente (kampaku), y, posteriormente, con el de ministro en jefe (dajô-daijin). No obstante, Hideyoshi fue el hombre más poderoso de su tiempo. La NHK sabía lo que hacía al momento de elegir a este personaje histórico para la realización de un drama televisivo por entregas. Sus mismos ejecutivos explican que el propósito del espacio no ha sido otro que darle ánimo a una nación que se ha venido enfrentando en esta última década a una ola de vicisitudes, contratiempos y frustraciones: la economía continúa anclada en una profunda recesión, los escándalos financieros están a la orden del día y el crimen ha adoptado un nuevo rostro y ha salido a las calles. "Creemos que una historia en que un pobre campesino puede convertirse en regente de todo Japón es perfecta para estos tiempos", dice la NHK."Queremos que los espectadores renueven su espíritu, que puedan soñar. El mensaje de esta telenovela, Hideyoshi, es que 'los sueños siempre se cumplen'". Si los sueños se cumplen o no, lo cierto es que la serie es bastante onírica, casi surrealista. Para quienes la seguimos, Hideyoshi es una telenovela demasiado alejada de la verdad histórica. Un engendro mítico que trata de reverdecer los mismos lugares comunes del samuray: la nobleza; la autoentrega; la fidelidad al señor, a costa del beneficio personal y/o familiar; el autosacrificio; el suicidio, como redención del nombre o del honor, etc. Si hay algún valor en contra de éstos, son, curiosamente, la sed de poder y la ambición de Hideyoshi. La serie ni siquiera roza la importancia histórica de la época. Sus personajes son meras caricaturas usadas como símbolos. Conocemos tal o cual episodio en tanto sirva para adentrarnos en la sicología emocional del personaje. Todo está al servicio del intento de revitalización del espectador, del que hablaban los ejecutivos de la NHK. De esta manera, los protagonistas son sólo piezas funcionales dotadas de significado en los que el televidente se reconoce. A modo de ejemplo, la madre de Hideyoshi, representada como una mujer campesina bastante vulgar pero bondadosa, es pintada como un cerébro capaz de realizar complejos complós para que su hijo ascienda por la escalera del éxito. Esta señora teje complicadas y furtivas tramas e intrigas que terminan favoreciendo a su retoño. Puesto en tiempos modernos, sería tan ridículo como creer que la madre de un director de una gran corporación japonesa fuera capaz de planear y controlar el curso de casi todos los acontecimientos de la empresa al tiempo de encargarse de que su hijo llegara a presidente. Más aún, considerando el papel social que jugaban las mujeres en aquella época histórica, el personaje de la madre no es más que una alteración grosera de los hechos. No negamos que la madre haya tenido alguna injerencia en la célebre vida de Hideyoshi, pero la forma en que es presentada sobrepasa el límite de lo sensato. El oculto protagonismo de la madre reivindica la labor de las mujeres en una sociedad japonesa que, aun en la posmodernidad, sigue estando del lado detrás de las bambalinas. Abundan también las sobreactuaciones; sobre todo al momento del seppuku (haraquiri). Las risas histéricas rompen los momentos de tensión con demasiada frecuencia. Sin embargo, los errores no provienen del descuido. Por extraño que pueda parecer, los defectos son cuidados. La idea es presentarnos una historieta que, cual cómic, nos permita identificarnos rápidamente con algún personaje. Así, de la mano de Hideyoshi y, particularmente, de su madre llegamos a creer por un momento, que todos los sueños pueden hacerse realidad. Osaka, 1996 |
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