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Ángeles materialesLA FIEBRE japonesa por los artículos de marca se está apartando de ser un mero fenómeno comercial, ciscunscrito a la economía, la moda y la mercadotecnia. Estos irresistibles deseos de poseer carteras, bolsas, relojes y zapatillas de famosas casas de diseño emanan de nuevas concepciones de vida, valores transfigurados y reducidos que sólo afloran en este nuevo paraíso, donde las siete trompetas tocan a diestra y siniestra, y donde los seres celestiales se refocilan en las ofertas del mercado en el templo. Algunas quinceañeras se han vuelto prostitutas por un día, una semana, o un mes, para obtenerlos. Otras, más mayores, oficinistas prepara-té-japonés a tiempo completo o empleadas por hora, se han convertido en camellos. Asociadas con contrabandistas de este tipo de artículos, viajan a Hong Kong o a Europa como simples, inocentes y tiernas turistas. Regresan con verdaderos alijos en el equipaje. Las autoridades aduaneras han detectado a más de diez contrabandistas y a sus camellos desde principios de año; verdaderas caravanas por el desierto, camino a la esclavitud de Babilonia. Un viajecito de estos paga el vuelo, la comida, el hotel y los demás gastos, aparte de que ayuda a la joven a obtener sus accesorios favoritos: un par de alas angelicales que ayudan a volar por los cielos del nuevo paraíso. Incluso las aduanas reconocen los encantos de estos espíritus del más acá: han llevado a la justicia a los contrabandistas pero no han hecho pasar los camellos por el ojo de la corte. Lo que hacen estas jóvenes japonesas no es motivo de halago pero tampoco debemos castigarlas con una crítica demasiado severa. Este paraíso no tiene lugar para las mujeres, sino para los ángeles materiales. Sólo exprime sus encantos sexuales, su imagen seductora, su maternidad y del resto se olvida, como si no importaran sus aspiraciones, su realización personal, sus ideas y sueños más profundos. Casi el único camino que deben seguir para alcanzar algún grado de poder en esta sociedad es servir y desarrollarse, lo mejor posible, dentro de estos modelos: seducción, adorno, maternidad. Puestas así las cosas, no es extraño encontrar estos ángeles materiales a la vuelta de la esquina de las lujosas calles del paraíso, dejando el pellejo por un par de alas de marca. Lo mejor de todo es que los teólogos de esta miseria no saben que sus oficinas se encuentran, a juzgar por el agua y el olvido, en las orillas del mismísimo Leteo. Osaka, 1996 |
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