Pan, circo y noticias

SI ES POR SATIRIZAR, mofarse y burlarse de los extranjeros, el programa pseudoinformativo News Station debería llevarse el primer premio. Este programa se transmite de lunes a viernes, a partir de las 10:30 de la noche, por la cadena de TV Asahi. Su conductor, Hiroshi Kume, le ha imprimido su estilo personal y parvulario a la entrega de noticias: mezcla el periodismo con comentarios personales gratuitos y opiniones bastante huecas, con la dudosa misión de comunicarlas al gran público.

En realidad, Hiroshi Kume no domina ningún tema, pero igual se cree con atributos suficientes para comentar casi cualquier noticia, volviéndola coloquial e incluso vulgarizándola hasta extremos insospechados. Nunca olvidaré que la única preocupación del Sr. Kume cuando tuvo en el estudio a Bill Gates, el genio de la informática y uno de los hombres más ricos de EEUU, fue la del tipo de zapatos que calzaba su invitado; no le hizo ninguna pregunta de interés, tirando a la basura minutos valiosísimos de entrevista con un personaje que debe ganar unos buenos miles de dólares por minuto, por realizar exactamente lo contrario que el presentador de dicho programa: pensar. Pero esto no es todo, la firma de Kume aparece en cada edición y de vez en cuando pone su sello japonés (hanko) para rematar su vacuidad con el mal gusto y la falta de educación. En repetidas oportunidades se ha burlado de los extranjeros que cocinan comida japonesa y los ha tratado irrespetuosamente de "extraños gaijin" (extranjeros), sólo porque él encuentra raro que algún extranjero pueda dominar el arte culinario de Japón. Lo mismo ha dicho de los extranjeros que hablan a la perfección la lengua de la Historia de Genji.

Hace poco, el Sr. Kume, gran amante del juego de pelota, tuvo en su estudio a dos beisbolistas cubanos, estrellas en Atlanta, que venían como invitados del Ministerio de Educación para dar clases a niños deportistas y de paso ver la posibilidad de fichar por algún equipo de la liga japonesa. En ningún momento, los jugadores perdieron la compostura. Se notaba que tenían una paciencia y educación muy superiores a la de su anfitrión. Éste, no se cansó de burlarse de los cubanos, echándose de pecho sobre la mesa y riéndose a carcajadas de sus, al parecer, ocultas intenciones de venir a Japón. La única excusa que Kume dio para tanta descortesía fue la siguiente mentira: "nunca he entrevistado a ningún cubano, así que no sé qué hacer". Kume sabía y sabe muy bien qué hacer. El índice de sintonía de su pasquín televisivo se debe al acoso, el matonaje, el prejuicio, la irresponsabilidad en la emisión de comentarios y la falta de educación. Sólo nos queda esperar que el Sr. Kume se equivoque al intentar representar al hombre medio japonés, tarea que, por lo visto, asume con todo el desparpajo del mundo, como si esta fuera una nación de mentecatos.

Osaka, 1996