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Los mesías y el corpusDENTRO DE LA cuidada resurrección de escándalos a la que estamos acostumbrados, estas últimas semanas hemos sido testigos de la revivificación de la inmolación de Sumitomo. Aunque los mártires no predican con tanta vehemencia, pasados unos cuantos meses desde el sacrificio, y el público que colma las gradas del coliseo prefiere las nuevas camadas de leones y el olor de la carne fresca de cristiano, el río continúa sonando. La vida, pasión y muerte de Yasuo Hamanaka, operador mesiánico de las transacciones de cobre de Sumitomo, comenzó el año 1985 cuando, presumiblemente, echó en saco roto sus primeros 65 millones de dólares. Al año siguiente, como queda constancia en uno de los muchos retablos, es premiado por su conducta y bautizado con futuros de cobre por la Corporación, en el sacrosanto mercado internacional. A partir de allí se le comienza a conocer por el mágico nombre de Míster cinco por ciento, pues llega a controlar ese porcentaje del total de transacciones mundiales del metal. Entre predicas y teleoperaciones, Hamanaka, establece una red de discípulos, corredores de valores en EEUU y Gran Bretaña, que comienzan, presuntamente, a enriquecerse con las espectaculares distorsiones del mercado, mientras que la Corporación usa créditos provenientes de EEUU para cubrir sus millonarias transacciones de cobre y ampliar, como un arácnido, la telaraña mundial de influencias cupríferas . En 1991 y 1993, el Sanedrín de la Bolsa de Metales de Londres se queja a la Corporación Sumitomo de las irregularidades, sin embargo, la doctrina de la compañía se basa en las mil virtudes de la armonía y en el voto de silencio. Todavía no es tiempo de recibir a Hamanaka en Jerusalén. La presión internacional aumenta. Sumitomo confiesa que su mesías ha perdido otros 280 mil millones de yenes (2,6 mil millones de dólares) y obligan a que Pilatos se lave las manos de dinero inocente: Hamanaka es destituido y posteriormente acusado por sus propios seguidores. El 22 de octubre lo culpan de falsificación; hace unos pocos días de fraude. Yasuo Hamanaka, como tantos otros, ha dado su vida por la Corporación, lo que constituye un delicioso corpus del delito. Como buen cordero pascual, es degollado para pagar con su sangre las extralimitaciones de la tecnología administrativa japonesa, que saca ronchas a los sanedrines industriales y cenáculos económico-financieros internacionales. Al Corpus japonés le interesa conquistar mercado, como a Roma territorio, muchas veces a costa de los accionistas (a estos los azuzan los perros de la mafia japonesa en sus reuniones). No importan las pérdidas sino el dominio; que no se ponga nunca el sol en el imperio del mercado. ¡Ave César! ¡Los que van a morir, te saludan! Osaka, 1996 |
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