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Santas PascuasLOS PAÑUELOS de seda a tu cuello y el agua de toilette profunda de Nina Ricci; la precisión de cuarzo de Seiko en la muñeca de los que saben que el tiempo es oro; los ungüentos que te convierten en princesa, de Shiseido; la elegancia y versatilidad de Volvo, con su nuevo concepto de espacio interior; la crema superhidratante de Elizabeth Arden, para hacer tu piel más tersa de lo que es; la guerrilla mediática de Benetton y sus cazadoras zapatistas "Subcomandante Marco"; las delicadas máquinas de pulsera de Jungchans, que cuentan los segundos cuando te dejan plantada; las cravates exquisitas de Hermes, inspiradas a metros de la tour Eiffel y de los Campos Elíseos; el agua fresca, lozana y fiera de perfume de Lancôme, con dosificador; los relojes Viceroy, que desde 1951 marcan las horas, como en el bolero; el aroma de la dolce vita, más dulce y vital de Christian Dior; el inmortal Chanel No. 5, que popularizó Marilyn Monroe y quizá el FBI; las sedosas corbatas Fumagalli's que abren la ruta de la seda a tus sentidos; el encanto y aroma parisinos de Boucheron; la comodidad en el calzado deportivo de Nike, que te convierte en ganador en las pistas más y menos exigentes; la alta colección tautológica de Haute Collection; la ropa, el vestir y el olor de Yves Saint Laurent, después de un desfile de sus modelos; las feromonas lujuriosas de Cacharel, que vuelven inexorablemente ninfómana hasta la más introvertida damisela tokiota; el sobrio desenfado de Giorgio Armani, para gorilas con clase; los bálsamos de fierabrás de Elizabeth Arden; la masculina fragancia a hormonas taurinas de Rochas; las coloridas bufandas y la línea prêt-à-porter de Kenzo; los pendientes, aretes y gemelos de Pierre Cardin, oro no es, plata no es; el irresistible aroma hechizado y salvaje de Loewe; la fragancia del agua de rosas de Paco Rabanne, para machos que saben comportarse en presencia de una dama; la edición coleccionable de 60 ml. del agua de toilette Givenchy, a prueba de todo lo inimaginable, y aún más; el calzado hecho seda y joya, Salvatore Ferragamo; la dimensión tabacalera del filtro londinense de Dunhill, que dicho sea de paso, también está en París y Nueva York; un aroma dionisiaco, sólo para iniciados, de Ralph Lauren; la simpleza suiza de Tag Heure, para gente que acepta desafíos; y las carteras y bolsos de mano inconfundibles de Louis Vuitton; en Paris, Londres, Kigali y Nueva York, pero por sobre todo en Tokio, les desean una felices fiestas. Osaka, 1996
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