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La cazuela nacionalistaEN LA marmita de los nacionalismos se hierve el caldo de la intolerancia, la arrogancia y la falsificación histórica. Los ingredientes son los héroes, los muertos, las gestas y una abundante cantidad de mitos, puestos a punto por los deberes históricos, y la proclamación de algunos elegidos como los únicos baluartes de los intereses patrios. Cuando pensábamos que el caldero se había enfriado; que la razón había acallado las voces fantasmales de los héroes de las guerras de colonización; y que Japón había seguido la senda del arrepentimiento, de nuevo se incuban peligrosos cuerpos que buscan reivindicar actuaciones abominables. Aparte de las periódicas declaraciones de ministros y burócratas que justifican la guerra de opresión en el Este Asiático y echan por tierra la difícil labor diplomática japonesa en la zona de mayor crecimiento económico del mundo (como los recientes exabruptos del Secretario General de Gobierno, Seiroku Kajiyama, proferidos cuando el primer ministro Hashimoto se encontraba de visita en Corea del Sur), se alzan las voces de una asociación de dudosa estirpe, liderada por el historiador Nobukatsu Fujioka. Este crítico de 53 años dirige el Grupo de Estudio de la Visión Histórica Liberal. Su mision: reivindicar el colonialismo japonés a la luz de algunas obras, como la del novelista Ryotaro Shiba, que consideran la guerra ruso-nipona un acto de defensa, y otras que creen legítimas las salidas de madre de la Segunda Guerra; la crítica occidental se debería, según el intelectual, a un compló de historiadores marxistas e ideólogos estadounidenses que han conseguido denigrar al país y ensombrecer su historia, creando un Japón masoquista. Para la asociación liberal, el tema de las mujeres consoladoras (coreanas y filipinas) de la Segunda Guerra es un tinglado armado por la izquierda "para desmantelar el estado japonés". Fujioka ha llegado a declarar que "el testimonio de las ex esclavas sexuales no es creíble. Su testimonio no es evidencia. No hay ley penal que pueda declarar culpable a un criminal sólo con el testimonio de la víctima". El grupo pretende que el Estado elimine el controvertido término de los manuales de historia oficiales. Fujioka tiene, en cierto sentido, razón: Japón debe escribir su propia historia encima de la tinta de los ideólogos estadounidenses y japoneses que han manejado a su gusto los hechos. Sobre todo es necesario reconsiderar la del período de la Segunda Guerra y la ocupación. Sin embargo, la justificación de los crímenes y excesos cometidos sólo ayudará a perpetuar la ignorancia y abonar el campo donde se cultiva y campea el nacionalismo. El Grupo de Estudio de la Visión Histórica Liberal ya cuenta con 500 miembros, en su mayoría maestros de escuela. Ellos están avivando el fuego de la sustanciosa cazuela del nacionalismo. Osaka, 31 de enero de 1997 |
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