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Apocalipsis, ahoraJINETE 1. Shoko Asahara profetizó el fin, y si este no llegó a Tokio fue porque entre la autoría intelectual y la material hay aún cierta distancia. Jinete 2. Nostradamus predijo, en 1555, que se acabaría el mundo; pero no supo decir exacta y claramente cuándo. En un foro electrónico de Internet, cientos de japoneses se pelean por descifrar las profecías del astrólogo y agorero francés (algunos miembros han aprendido latín, de forma autodidacta, para este propósito). Sin embargo, el Mundo ya ha sido destruido en el imaginario nipón. Jinete 3. Todo comenzó, en 1954, con Godzilla, el dinosaurio que despertó de su letargo oceánico, tras sufrir la explosión de una bomba de hidrógeno en el fondo marino. Desde esa fecha, Tokio ha sido asolada cientos de veces. Ultramán y Ultraseven defendieron la capital de ser aplastada por monstruos extraterrestres, en cada uno de los capítulos de la serie televisiva, pero en vez de aniquilar a los intrusos al comienzo de la lucha, dejaban que éstos, con sus colas y tenazas de cangrejo, derribaran miles de edificaciones humanas, para recreo de los espectadores. Jinete 4. El cómic japonés (sobre todo el que se exporta) se situó en el escenario de esa destrucción. Allí imperan la violencia gratuita, los poderes sobrenaturales y la supremacía de la tecnología. Los nuevos samuráis, los héroes, luchan contra seres malignos y benignos en las ruinas del Mundo y del Universo. Todo es ceniza; el hueso es polvo. Allí no se edifica nada, no hay planes constructivos. Es una lucha permanente de fuerzas, y sólo eso, sobre ciudades, naciones y planetas devastados: no hay moraleja. Jinete 5. El anime (dibujos animados), que en un principio adaptó clásicos literarios como Don Quijote, Heidi o Marco, el personaje de Edmondo D'Amicis; o se alimentó de leyendas y guiones japoneses, tales como Mukashi Banashi, el león Kimba, y el famosísimo Astroboy, de pronto se nutre de los cómic que reviven solapadamente, hasta el cansancio, las tragedias de Hiroshima y Nagasaki, los terremotos y las catástrofes, pero esta vez inducidas por los personajes. Nacen Akira y Dragon Ball, títulos que tanto en manga (cómic) como en anime, nos devuelven a este espacio-tiempo poscatastrófico. Son ya un género, reproducido en incontables historietas, vendidas en mamotretos de papel maloliente, tan breves, que pueden leerse entre estaciones de metro. El profesor de Comunicación, Pascal Lardellier, las define como "la exhibición deliberada del sufrimiento", físico y psicológico. Sobre este patético voyerismo, al que asistimos rutinariamente, Bertrand Russel añadía que el sufrimiento de los condenados, en la Antigüedad y en el Medievo, suponía "el mejor de los placeres", ya que "la contemplación de las torturas eternas a las que se sometía a paganos y a herejes era considerada uno de los mejores placeres mentales". Lo cierto es que historietas y animaciones venden dolor humano. Jinete 6. La dinámica del fin del Mundo está también en juego de vídeo, y en todas sus formas y medios, arrasa en España, Francia, América Latina e incluso los EEUU. Jinete 7. El final del tiempo está latente en el imaginario japonés. Hiroshima y Nagasaki vuelan en pedazos. Los bombardeos se suceden. Ahora es el Mundo todo el que acepta estas verdades de finales de siglo y se somete al encantamiento de la destrucción del hombre. Asistimos a nuestra propia destrucción. Los cibernautas continúan, en las redes, descifrando las profecías de Nostradamus. Osaka, 14 de febrero de 1997 |
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