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Sin memoriaEL ÚLTIMO compacto del cantautor asturiano Víctor Manuel se titula Sin memoria. Entre otras cosas dice: "puedo vivir sin policía sin gobierno/ sin jueces sin tabaco, (...) pero no puedo vivir sin memoria". Nosotros tampoco podemos vivir sin ella, por eso refrescamos, pecando quizá de repetitivos, la de la época Heisei, instaurada al día siguiente de la muerte de Hiroito, el 8 de enero de 1989. Marzo de 1989 se abre con el escándalo Recruit-Cosmos, en el que las acciones del conglomerado son adquiridas a precio de huevo por algunos políticos japoneses antes de que sean cotizadas en la Bolsa. En abril, dimite el primer ministro a la sazón, Noboru Takeshita, por estar directamente involucrado. Su secretario se suicida unas semanas después. Yano, presidente del partido Komeito (Justicialista), también renuncia. En noviembre, el ex jefe de gobierno, Kakuei Tanaka, renuncia finalmente a la política, junto con otros seis ministros, por recibir fondos ilegales millonarios provenientes de los salones de pachinko (Tanaka ya había sido arrestado en 1976 por recibir 500 millones de yenes de la firma Lockheed, en uno de los escándalos de mayor resonancia del siglo). Octubre de 1990 es el mes de las protestas contra la corrupción gubernamental. En diciembre del mismo año, el ex ministro Toshiyuki Inamura es acusado de fraude fiscal. 1991 termina con graves escándalos en la Bolsa de Comercio, dimiten el jefe de gobierno, Toshiki Kaifu, y su ministro de Finanzas, Ryutaro Hashimoto. Los años 1992 y 1993 son los más felices. En 1994 se acaba la calma y se nos viene encima otro tifón: Kihiro Nakamura, ex ministro de Obras, es inculpado por el delito de tráfico de influencias. 1995 es el anuncio de la verdadera tormenta. Las millonarias pérdidas de las hipotecarias (jusen), ocasionadas por la más absoluta falta de vigilancia, obligan a que el Gobierno intervenga para corregir las finanzas nacionales. El año legislativo concluye con un abultado presupuesto y un endeudamiento fiscal que lastra, aún hoy, la recuperación económica. Sin embargo, el año 1996 es el que no puede quedar sin memoria. Por fin, los fiscales acusan de negligencia a un ex oficial del Ministerio de Sanidad, Akihito Matsumura, en el caso Midori Juji, la firma que comercializaba plasma infectado. El Ministerio contribuyó con su pasividad a contagiar a más de dos mil hemofílicos; más de cuatrocientos ya han muerto. El director de la comisión que investigó el sida, Takeshi Abe, se sienta en el banquillo, acusado de negligencia y de asesinato. En junio se revela que más de 2.400 hospitales utilizaron plasma contaminado: haber sido paciente clínico de un día se convierte en una siniestra lotería rusa. El Ministerio encabeza la lista de las instituciones que gastan fondos de manera dudosa: 111 oportunidades y por un monto de 20 mil millones de yenes. En noviembre, el viceministro de Sanidad, Nobuharu Okamitsu, es detenido por la presunta aceptación de más de 60 millones de yenes en sobornos, de manos de una empresa constructora que se adjudicaba subsidios del Ministerio. Ese mismo mes, Junichi Izui, presidente de una comercializadora de petróleo, recibió, presuntamente, pagos millonarios de parte de Mitsubishi Oil Co. para traficar influencias en el Ministerio de Industria. Echémosle una ojeada a este prometedor 1997. En enero, se revela que el Sr. Izui sobornó, también de forma presunta, al ex presidente de la compañía mixta (capitales estatales y privados) que administra el oneroso aeropuerto de Kansai, Tsuneharu Hattori, con el fin de adjudicarse algunas licitaciones. Hace apenas un mes, el ex alcalde de Sendai fue sentenciado a prisión y a devolver los 140 millones de yenes que aceptó en sobornos. Claros ejemplos todos de que la memoria es buena para el olvido y que la corrupción institucional, además de endémica, es cíclica. Osaka, 21 de febrero de 1997 |
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