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El nucleoterrorismo nipónEL TERRORISMO del átomo ha conocido hace más de una década un grupo involucionario, de avanzada retrógrada, que opera en las selvas industriales de Ibaraki y Fukui y en otros enclaves de Japón. Su ideología es simple y clara y no tienen miedo de exponerla así, tal cual: devolver al homo niponicus a la era cenozoica antes de que aparecieran los homínidos. La banda terrorista cuenta en sus filas con científicos y administradores superdotados, superdestructivos y, como James Bond, tienen licencia para matar. Algunos se dedican a preparar una nueva clase de coctel Molotov que utiliza combustible nuclear en lugar de gasolina. Otros son especialistas en fisiones, fusiones nucleares e infusiones de hierbas. Hace un mes tomaron de rehén una planta de reprocesamiento de desechos nucleares en el pueblo de Tokai, cerca de la selva industrial de Ibaraki, y han exigido que sus demandas sean aceptadas. Reclaman la promulgación de una ley Física tan trascendental como la de Newton o la fórmula de la energía de Einstein; una ley de directa proporcionalidad: "A mayor número y magnitud de mentiras, mayor radiactividad, medida esta última en becquerel". Esto lo han probado aún a riesgo de sus vidas, aunque los comandantes de insignias más coloridas prefieren jugar al golf mientras la carne de cañon recibe en piel propia los efectos de la radiación. El hallazgo es tan sensacional como el espectáculo de fuegos artificiales que han montado en Tokai. De seguro les darán el Nobel -recordemos que el fundador del premio inventó la dinamita-, porque la ley es precisa; describe perfectamente lo que sucede cuando en una planta nuclear se miente descaradamente: suben las emisiones de radiación. Faltó agregar que con ello suben los niveles de nerviosismo, crispación, terror y dubitación popular, resultados que podrían comprender un hermoso corolario. El rescate que reclaman, para empezar, es de unos 7.400 millones de dólares, por la entrega del cadáver del reactor de alimentación rápida Monju y de la planta de vitrificación de Tokai. Aunque se sabe, por malas lenguas y buenos periodistas, que algunos guerrilleros escogidos han ganado lo suficiente en oscuras operaciones de fondos mutuos de firmas relacionadas al tema del desarrollo termonuclear. Se murmura que ya se han hecho con más de medio millón de dólares, dinero destinado a asegurarse una pensión digna, después de que se jubilen como terroristas del plutonio. Sepa el público que cuando comience a perder la dentadura, a pelechar o a sufrir mutaciones que compitan contra los cosméticos, tónicos capilares y pomadas de marca, no vale la pena encender la TV para enterarse de las mentiras de los terroristas y cultistas del apocalíptico Donen (Corporación de Desarrollo Nuclear), porque después de las explosiones termonucleares las ondas radioeléctricas son inservibles por unas buenas semanas y la generación eléctrica depende en gran medida de los cocteles explosivos. Prepare con anticipación su refugio y su conexión de Internet de manivela, a prueba de terroristas atómicos. Osaka, 11 de abril de 1997 |
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