El bilingüismo es lo normal

Silvia Falcoff

Los padres que en su lugar de origen no experimentaron el bilingüismo a menudo se preocupan por el aprendizaje de dos o más lenguas que realizan sus hijos. Algunas publicaciones japonesas que citan a «expertos» en el tema sugieren que el bilingüismo es perjudicial, sembrando el temor y hasta el pánico en los responsables de la educación de los pequeños. Japón es uno de los pocos países en el mundo en que el bilingüismo es un fenómeno bastante reducido; sin embargo, lo más corriente en el ámbito internacional es que los niños aprendan dos o más lenguas de manera natural, sin que esto perjudique su educación.

Cuando yo era pequeña, a la escuela pública de mi barrio asistíamos niños hijos o nietos de distintas migraciones: españolas, italianas, sirias, rusas... Un rasgo destacado de estos niños: mientras que en la escuela todos hablábamos en argentino, muchos de los padres o abuelos seguían hablando en casa los idiomas de sus países de origen y así se comunicaban con los más pequeños. Mi experiencia de niña argentina seguramente es parecida a la de otros niños latinoamericanos de ciudades como San Pablo, Caracas o Montevideo.

Si ahora escogemos los países de América Latina poseedores de culturas precolombinas (como Perú, México, Paraguay o aquí también Brasil), es habitual que se produzca la misma distinción entre la lengua de la escuela y la lengua de la casa. Sólo que, en este caso, el idioma del hogar pasa a ser el quechua, el guaraní o cualquiera de las lenguas nativas de México o Centroamérica.

En Europa suceden las mismas cosas. Para ir rápido, me limitaré a recordar el caso de España, país cuyos habitantes mayoritariamente son bilingües. Junto a la primera lengua oficial, el castellano, existen otras igualmente oficiales o igualmente respetadas: catalán, euskera (1), gallego, guanche (2) y bable (3). Los ejemplos europeos podrían multiplicarse. Y de Asia no digamos nada, pensando por ejemplo en la India, país mayoritariamente analfabeto pero donde hasta el lustrador de zapatos ha de hablar un par o tres de lenguas para poder subsistir en tan compleja nación.

En resumen, la situación de bilingüismo y hasta de trilingüismo ha sido, es, y probablemente seguirá siendo absolutamente corriente en la histora de la humanidad. El polilingüismo es tan frecuente como las migraciones. Y vastas poblaciones desplazadas de su tierra natal acaban adaptándose tanto a la migración como a su secuela inevitable: los cambios de lengua.

Por estas razones, hasta que vine a Japón nunca se me había pasado por la mente que el bilingüismo pudiera constituir un inconveniente para la educación. Sin embargo, vengo escuchando, de cualificadas fuentes japonesas, la idea de que el bilingüismo no es aconsejable durante la primera infancia y que todo el esfuerzo del aprendizaje lingüístico de los pequeños tendría que concentrarse, durante los primeros años, en la lengua del país, para el caso: japonés.

No sé que predominio tenga esta curiosa idea en el momento de diseñar procesos educativos concretos. Pero por mi parte recuerdo que el bilingüismo, en todos los casos que antes he mencionado, no es una elección sino una necesidad. Necesidad ligada antes que nada a las relaciones afectivas. En el caso del niño migrante o hijo de migrantes, el bilingüismo no sólo es necesario para su adaptación al país (por lo cual ha de aprender la lengua local), sino que (atendiendo ahora a la lengua materna) abre a la posibilidad de no perder el vínculo primario con sus padres y, a través de ellos, con todo un mundo de historias, de experiencias y de sentimientos propios de la cultura originaria. Es a través del bilingüismo que las culturas se acercan y se comprenden mutuamente. Y no concibo ninguna postura que ponga en cuestión tan elemental necesidad.

Notas :
(1) Euskera. Nombre vasco de la lengua vascuence. Es lengua oficial del Estado español. Nota del Editor.
(2) Bable. Lengua de Asturias. No tiene reconocimiento oficial. Nota del Editor.
(3) Guanche. Lengua hablada en Canarias. Proviene de la misma raíz del egipcio. No es reconocida oficialmente por el Estado español. Nota del Editor.
 

* La escritora es psicóloga argentina.