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¿Educación o adoctrinamiento?Avatares educacionales de JapónLA EDUCACIÓN JAPONESA es un fracaso. Su mayor mérito es la alfabetización de casi la totalidad de la población, el aprendizaje sistemático de cientos de ideogramas que combinados dan vida a una escritura demoniaca. El solo hecho de usar los ininteligibles kanji (caracteres chinos) ha puesto a este país a siete años de distancia de EEUU en el ámbito de la informática y la digitalización, y a cinco de Europa. Japón viene saliendo del procesador de texto (cuya incompatibilidad en el universo de la informática es evidente) y está entrando en la era de la computadora personal, cuando en EEUU las computadoras personales vienen siendo usadas masivamente desde hace cinco años. Un retraso que se hará sentir, sin duda alguna, en la próxima década. Este país detenta uno de los mejores índices de lectura de periódicos y revistas, pero pocos se fijan en su calidad y profundidad. Pasando el límite de la alfabetización y entrando en el terreno del alfabetismo funcional, los japoneses están muy por debajo de la norma de los países hegemónicos en materia de producción cultural, campo que marcará la diferencia entre riqueza y pobreza en economías cada vez más simbólicas y menos industriales. Las nuevas exigencias serán más del orden de la creación, interpretación, distribución y utilización del conocimiento. A modo de ejemplo, las grandes diferencias entre China y EEUU, a punto de convertirse en casus belli de un conflicto comercial, no son ni la producción industrial ni el comercio de bienes hechos a base de átomos, sino la negativa sistemática de los chinos de legislar y hacer cumplir la legislación vigente en materia de derechos de autor. La piratería china de programas informáticos, marcas comerciales, filmes y otros bienes hechos a base de bits ha traído más vientos de guerra que las riñas entre Taipei y Beijing por motivos de política "interna". Pareciera que aquí en Japón se gastaran el tiempo en aprender a leer cuando en otros países esa habilidad y lapso son usados para acceder al conocimiento. Pocos japoneses entienden la estructura política, las tendencias históricas, los movimientos culturales, la literatura y los "signos de la tribu" (de su propia tribu), que es la definición que Gaston Bachelard daba para la palabra cultura en la primera mitad de este siglo. Muchos se dedican en las escuelas (porque son forzados) a memorizar datos y más datos desvinculados de sus procesos históricos, o que son presentados más como información que conocimiento. Las disciplinas o ramas del saber son piezas de un rompecabezas que no hacen juego unas con otras. El estudiante es un mero fichero que archiva y archiva datos que nunca serán confrontados ni estructurados en un todo coherente. La educación en Japón consiste en la estupidización: Hacer creer al estudiante que posee un valioso acervo cuando en realidad de lo único que tiene llena su valija es de datos que no puede interpretar ni menos manejar a gusto para predecir tendencias. O como lo describe magistralmente Karel Van Wolferen: "Un sistema educacional ajustado casi en su totalidad a la producción de expertos en dar pruebas de respuestas múltiples no selecciona pensadores originales. Más aún, ya que la curiosidad intelectual puede amenazar lo convencional se la desanima activamente, haciendo que el ambiente de la enseñanza japonesa sea hostil al pensamiento creativo" (1). No hace falta extendernos sobre la formación humana del estudiante. ¿Qué se puede decir cuando los chicos de este país tienen miedo a hablar, vergüenza de expresarse claramente, y su temor al ridículo, al qué dirán, es más fuerte que las ganas inmensas que tienen de comunicarse? Ellos mismos se dan cuenta de este problema cuando se enfrentan con jóvenes de otros países. Una estudiante universitaria que tuvo la oportunidad de viajar a México y convivir con algunos chicos de ese país latinoamericano expresó su experiencia en un concurso de elocuencia en lengua española de la siguiente manera: "Participé en una fiesta, invitada por una amiga. Asistí con mucha tensión. En la mitad, todos conversaban alegremente, aunque recién se venían conociendo. Yo no me hice amiga de nadie en especial y me sentía como pez fuera del agua. ¿Por qué no puedo hablar libremente con las personas que acabo de conocer? Sobre esta pregunta, traté de convencerme de que se trataba de mi falta de dominio de la lengua española. No somos capaces de dirigir la palabra a nadie, somos generalmente tímidos y negativos. ¿Por qué somos así? Creo que cada uno de los japoneses tenemos culpa de ello. ¿Podemos responder las preguntas sobre política? ¿Podemos explicar nuestra cultura? ¿Qué sabemos sobre nuestro país? Lo que me faltaba en México era, precisamente, este conocimiento especial acerca de mi país". Cuando a los estudiantes japoneses se les dan oportunidades de intercambio se obran en ellos transformaciones maravillosas, como las de esta chica que comenzó descubriendo sus carencias y las de sus compatriotas. Cuando se comunican, elevan su autoestima y alcanzan altos grados de participación. En ese momento comienzan a sacar la cabeza fuera del agujero de avestruz y si dispusieran de más tiempo, llegarían a poner en orden los ficheros de la valija, pero antes que finalicen la tarea deben cumplir con su nueva obligación: entrar en el mundo laboral. Si la educación es un fracaso, ¿cómo es posible que Japón haya llegado a este sitial? La educación ha fracasado, no así el adoctrinamiento. La idea pareciera ser que el estudiante llegara a la empresa como una página en blanco donde será "educado" en la forma exclusiva que ella tiene de conducir los asuntos. Los ritos de iniciación, las ceremonias de ingreso, las "terapias" en los bares para que todos suelten los secretillos y los jefes dispongan de elementos de control (chantaje sentimental si se quiere) sobre los novatos y se cree un espíritu de mancomunión al mejor estilo de los cultos que no se ruborizan por usar el control mental, son sólo pequeñas muestras de la creación de engranajes que giran sobre los ejes de una sociedad, a juicio de los mismos japoneses que han recibido dicho adoctrinamiento, única y especial, vedada al entendimiento extranjero. ¿Y qué suerte corren aquellos que no entran por los portones de las grandes compañías? La sociedad los hace navegar por las tranquilas y dulces aguas del trabajo temporal, que se mantiene disfrazado en las bajas cifras de desempleo. Ladrones de pelo castañoEntroncado con el fracaso de la educación japonesa está el tema de la violencia juvenil, un producto japonés no tradicional. La ciudad de Osaka, donde se llevó a cabo la cita de APEC 1995, es precisamente el campo de cultivo de jóvenes violentos, lacras que se dedican a golpear gente, en su mayoría oficinistas varones. Estos jóvenes encuentran sus homólogos en casi todas partes del mundo, debido a la decadencia universal de las instituciones de enseñanza, el florecimiento de una cultura mundial de lo descartable y el excesivo poder del mercado sobre valores que aparentemente no tienen precio comercial, y que por ello no son interesantes ni atractivos desde el punto de vista del beneficio económico. Las pandillas de motociclistas bosozoku que desde hace años salen a recorrer la ciudad de noche en sus motos con escape libre, mofándose y huyendo de la policía, ocupando a su paso todo el ancho de avenidas y calles, ondeando banderas japonesas y generando un ruido similar al de un aeropuerto, han sido desplazadas en violencia por un grupo más urbano y menos carretero: Los ladrones chapatsu, que en castellano vendría a significar algo así como ladrones "de pelo castaño". Estos grupos de jóvenes, despojos de esta sociedad, compuestos de tres a cinco miembros, se tiñen el pelo de castaño y armados con porras de aluminio atacan brutalmente a los transeuntes de sexo masculino, para molerlos a palos y robarles. El primer golpe se asiesta en la cabeza de la víctima con el fin de aturdirla y luego, ya en el suelo, seguirán dándole puntapiés y una zurra con sus macanas de aluminio o acero inoxidable que pueden llegar a medir más de medio metro y que son adquiridas por catálogo. Acto seguido, extraen el dinero de su cartera, botín que a veces alcanza los cincuenta mil yenes, unos quinientos dólares. El ataque de los ladrones "castaños" tiene una variante: no contentos con golpear a sus víctimas, les riegan el rostro con gas lacrimógeno y a veces huyen del lugar en motocicletas de baja cilindrada. Más de cuarenta apaleamientos nocturnos a la salida de pequeños almacenes y restaurantes de los suburbios en lo que va del año han puesto a la policía de la prefectura de Osaka en alerta y la han obligado a crear un cuerpo especial de cien oficiales para frenar a los pandilleros. Sin embargo, la represión no cortará de raíz el problema. Los azotes no disminuirán con más azotes. El motivo que la Policía de Osaka da a tanta violencia es el robo, pero esta explicación superficial no puede ser sostenida al conocerse que la edad de los pandilleros fluctúa entre los dieciséis y los veinte años y que viven en un país cuyo ingreso per cápita es de más de 28.000 dólares anuales, sin indicadores que revelen la existencia de pobreza extrema. La justificación es mezquina cuando en uno de estos populares programas de televisión de celebridades y chismes se indica que de tres chicas oficinistas, una pertenece a grupos de "castaños" menos violentos, y en las escuelas secundarias, una de cuatro estudiantes es también miembro de estas bandas afines a las de "castaños" ladrones y brutales (2). A estas estadísticas se suman otras peores que delatan la prostitución infantil de estudiantes de secundaria que participan en clubes de citas telefónicas, establecimientos pantalla de proxenetas afiliados a la mafia. En el caso de las adolescentes envueltas en algún tipo de comercio sexual, que va desde la venta de ropa interior usada para satisfacer el fetichismo de los consumidores de dichas prendas, servir de compañía en bares y cabarés, hasta la prostitución, nuevamente el móvil verdadero no es la falta de dinero sino cumplir con algún tipo de prueba que les dé seguridad, confianza en sí mismas, y satisfacer su vanidad comprando artículos y cosméticos de marca. Chicos de su misma edad o levemente mayores trabajan para proxenetas más experimentados como reclutadores de "carne fresca". En otras palabras, un vacío enorme de formación, tanto en el hogar como en el colegio. Hace un par de años, uno de estos chicos de cabello teñido que entendía mejor el problema que la misma policía o que los expertos, porque lo había vivido en carne propia, también denunciaba con clarividencia los defectos de la educación japonesa en uno de estos certámenes de oratoria en lengua española. Si bien no era miembro de grupos violentos de "castaños", decía que llevaba el pelo de esa manera para protestar contra la educación japonesa recibida en las escuelas. Pensaba que alumnos y profesores nunca llegaban a conocerse y que el colegio era un sitio en el que no sólo se debería aprender ciencias sino la manera de vivir. "La escuela", terminaba diciendo, "es un lugar donde se deberían desarrollar la originalidad y creatividad de los alumnos. La enseñanza actual sólo produce personas uniformes". Mientras en las escuelas se opte por el adoctrinamiento a costa de la educación y la formación, mientras venzan la memorización de datos irrelevantes y dispersos; la preparación de exámenes-concurso, que sólo evalúan la asimiliación de datos inconexos, en desmedro del entendimiento y la creatividad, tendremos más casos de clubes proxenetas y redes de prostitución, más conformismo y mediocridad, más sumisión y decadencia, más suicidios de colegiales y falsos profetas, más machismo, discriminación y xenofobia; en definitiva, más ignorancia que la que existe hoy en uno de los países más ricos del orbe. Osaka, 5 de junio de 1996 NOTAS:(1) The Enigma of Japanese Power. Karel Van Wolferen. Tuttle. 1993. Página 117. (2) The Daily Yomiuri. Osaka, 5 de junio de 1996. |
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