Oasis celestial en el desierto urbano:

El templo de Shitennoji

Arturo Escandón

EN EL ANTIGUO centro de la ciudad de Osaka, llamada Naniwa en tiempos de samuráis y guerras intestinas, se levanta el templo budista de Shitennoji. Aunque hoy día pase casi desapercibido en medio de los modernos y altos edificios de apartamentos y oficinas del sur de la ciudad, la pagoda de cinco pisos y el pórtico Gokurakumon aún parecen orientar al transeunte al Paraíso del Buda Amida, o al menos sacarlo del mundanal ruido de la urbe.

El templo Shitennoji debe su nombre a los Cuatro Reyes Celestiales, que en la iconografía budista, son deidades que protegen el Paraíso. Se dice que el príncipe Shotoku fundó el templo en el año 593, en agradecimiento a estas deidades celestiales por la ayuda dispensada contra los enemigos de los postulados budistas. Un año más tarde, un decreto imperial auspiciaría la religión budista en todo Japón.

Shitennoji. © A.E.


Más acá de la compleja imaginería sagrada, Shitennoji es el ejemplo más añejo del diseño del período de Asuka (593-710). Una de las características de la arquitectura religiosa de aquella época, ampliamente usada en China y Corea, es la agrupación de las distintas partes del complejo de acuerdo a un eje que va de norte a sur. El pórtico occidental de Gokurakumon, cuyo significado literal es Puerta al Paraíso, apunta a la entrada oriental de la Tierra Pura del Buda Amida. Detrás de la pagoda de cinco pisos se encuentra la capilla (kondo), albergue del altar que simboliza al monte Shumisen, centro cosmológico del universo budista.

Destruido por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, el actual templo de Shitennoji se levanta sobre los cimientos del original, que había sido construido en madera. Se puede llegar expeditamente por la línea del metro Tanimachi, bajándose en la estación Shitennoji-mae. El complejo no se divisa desde la salida de la boca del metro pero siempre hay gente que camina desde o hacia él, lo que facilita su ubicación.

La belleza del conjunto transmite paz, estado nada fácil de encontrar en la Osaka moderna. El ojo se recrea en las líneas sencillas de la arquitectura de la época de Asuka y el oído pareciera desconectarse del ruido de los coches. Quizá los cuatro Reyes Celestiales aún vigilen y guarden el sagrado Paraíso del Buda, convirtiendo el templo de Shitennoji en un verdadero oasis urbano.

Osaka, 18 de septiembre de 1995