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de septiembre de 1999 Geishas virtuales2. AnonimatoLa geisha fue el primer robot exquisito japonés. Un ser humano que existía en cuanto a su función, no en cuanto a su sustancia o naturaleza. A diferencia del samuray -del cual la Historia se encarga de recordarnos su nombre verdadero y hazañas-, la geisha es un ser socialmente anónimo. Las geishas reciben pseudónimos de geisha en las etapas primarias de iniciación, tales como «Ochiyo» o «Umeka»; nombres de fantasía parecidos al glamour que intentan producir los pseudónimos de las actrices de Hollywood. Sin embargo el pseudónimo de la geisha propicia el cultivo de un mundo sin personalidad propia. Es muy difícil, por no decir imposible, reconocer las verdaderas identidades de las geishas importantes en las crónicas de Japón. Las geishas son simplemente geishas. Este anonimato, que no es sino un estigma que actúa como escudo protector de la artista, es muy cercano a la condición de la prostituta; pero aun esta última conserva rasgos de carácter y personalidad que son ajenos a la geisha, quien debe someter cabalmente su ego a la disciplina y el servicio en busca de la perfección de sus funciones y de su arte. En el libro de crónicas Memorias de seda y paja, del Dr. Junichi Saga, la señora Sui Nakazawa (nacida en 1909), quien estuviera a corta edad al servicio de una casa de geishas y fuera aprendiz de dicho oficio, habla del sometimiento a la disciplina y al arte: «Cuando lo pienso, me pregunto si el entrenamiento riguroso que recibimos era bueno o no. Quiero decir, que si la disciplina es muy estricta uno tiende a perder la habilidad de expresar su propia personalidad». |
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