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25
de junio de 1999
La
reinvención de la empresa japonesa
El
doloroso proceso de reestructuración empresarial japonés cumple dos años
OSAKA.- Erase una vez un reino cuya fuerza de trabajo gozaba de
empleo vitalicio; las empresas no competían entre sí, sino que viajaban
juntas, cual bandada de gansos, para rendir lo mejor de sí mismas en los
mercados externos; los bancos marchaban en caravana, siguiendo el dictamen de
los burócratas, y cualquier movimiento de pieza respondía a un plan
centralizado de modernización, que se aceptaba sin mayor cuestionamiento.
Ese
reino utópico era el Japón de hace apenas dos años. Hoy, el país del Sol
Naciente no se reconoce a sí mismo: el empleo de por vida es una pieza de
museo, los despidos masivos están a la orden del día, las patronales exigen al
Gobierno exenciones tributarias y políticas que favorezcan la reconversión
industrial; los bancos quiebran o se fusionan, las grandes empresas forman
alianzas estratégicas o compiten entre sí, y a ninguna, al contrario de lo que
ocurría hasta hace poco, le repugna aliarse a multinacionales con sede en Nueva
York, Detroit o Silicon Valley.
Todo
el complejo panorama de cambios puede resumirse en una expresión clave que no
para de oírse por doquier: «reestructuración
empresarial». Estas palabras mágicas se pronuncian en Japón a la hora de
recortar plantillas, restringir la contratación de nuevos empleados, explicar
la súbita liquidación de activos o responder a la pregunta de por qué el
mercado inmobiliario está por los suelos.
Mayor
rentabilidad
La
idea es que las empresas japonesas de diversos sectores económicos reformen
individualmente sus condiciones productivas con el fin de obtener una mayor
rentabilidad, una meta que rompe con la tradicional estrategia centralista del
Ministerio de Industria y Comercio Internacional (MITI) y con las diversas
formas de coordinación subrepticias que utilizaban el Ministerio de Finanzas y
el Banco de Japón, el cual actúa como banco central.
El
primer «shock» se produjo en noviembre de 1997, a raíz de la quiebra del
banco de inversiones bursátiles Yamaichi. Esta institución contaba con una
plantilla de 7.500 empleados, y nadie sospechaba en aquella oportunidad que sería
la primera víctima de las reformas financieras impulsadas por el entonces
primer ministro y gran reformista Ryutaro Hashimoto.
El
ex secretario general del oficialista Partido Liberal Demócrata, Koichi Kato,
traza la causa de la actual caída del consumo al negativo precedente que sentó
la repentina quiebra del gigante Yamaichi, incidente que no se ha borrado de la
memoria del hogar japonés, favoreciendo la moderación del gasto familiar.
Parte
importante de los negocios y funcionarios de Yamaichi fueron absorbidos por
Merrill Lynch, un banco de inversiones extranjero que resultaba ser todo un
convidado de piedra en un país cuyos administradores todavía miraban por el
rabillo del ojo el modelo de gestión anglosajón.
Sin
embargo, a los sectores financieros
e industriales no les quedó otro remedio que «mirar hacia Occidente» y
aceptar sin tanta reticencia las fórmulas extranjerizantes.
De
maestros a
discípulos
Los
maestros del modelo de administración basado en la calidad total, la
planificación centralizada y el paternalismo corporativo tuvieron que rendirse
ante el peso de la evidencia: los indicadores macroeconómicos estadounidenses
eran muy superiores a los japoneses. Los maestros, quienes ocuparon por más de
dos décadas el púlpito de la excelencia en gestión empresarial, pasaron a ser
discípulos.
La
tasa de paro japonesa alcanzó el pasado mes de mayo un histórico 4,8%,
superando la de 4,3% de Estados Unidos. La tasa japonesa, no obstante, aún
puede resultar engañosa, ya que los parados norteamericanos son más jóvenes y
encuentran empleo mucho más rápido que los desempleados japoneses.
Según
la Agencia japonesa de Administración y Coordinación, la mayoría de los 3,13
millones de parados nipones corresponde al segmento de la fuerza de trabajo
entre los 45 y los 60 años de edad, en su mayoría jefes de hogar: un sector
cuya reinserción en la economía es más difícil y costosa, puesto que
requiere mayor capacitación suplementaria. El 60% de esos parados perdió sus
puestos de trabajo por culpa del inexorable proceso de reformas financieras y
reestructuración empresarial iniciado en 1997.
Los
planes de reestructuración, en muchos casos, se pusieron en marcha tardíamente.
Durante los tres últimos años se ha registrado el mayor número de quiebras de
la Historia de Japón, con un promedio anual de 17.200 empresas en bancarrota;
aunque en los últimos seis meses la situación se ha venido normalizando y el número
de quiebras ha bajado a cotas tolerables, cercanas al promedio de 15.000
empresas anuales.
Empleo
temporal
Si
las compañías tradicionales vieron disminuir sus beneficios o simplemente
desaparecieron de la competitiva escena, las empresas de colocación temporal de
empleados han obtenido grandes beneficios. Una de éstas, Pasona Softbank, posee
ya un banco de 6.000 empleados especializados —
cifra similar al de la plantilla del liquidado banco de inversiones Yamaichi—,
personal «flotante» al que coloca, precisamente, en el sector financiero.
Pero
aun así, las compañías no se han conformado con recortar gastos mediante la
contratación temporal de empleados. La solución actual consiste en recurrir al
«outsourcing», una modalidad de contratación según la cual una empresa
contrata los servicios de otras para realizar funciones específicas de una
sección o de un departamento completo. «Outsourcing» era una palabra tabú en
el vocabulario del directivo japonés de hace cinco años.
Asimismo,
las compañías vienen deshaciéndose de sus activos tangibles. En la actualidad
es cada vez más frecuente que las empresas con oficinas centrales en los
barrios de negocios más lujosos de Tokio, tales como Marunouchi, Yurakucho y
Kasumigaseki, se muden a lugares más discretos y asequibles como Minato y
Shinagawa. Los analistas del sector inmobiliario estiman que la caída del 4,6%
del precio oficial de los terrenos, el pasado año, se debió únicamente al
malbaratamiento que produjo la apresurada venta por reestructuración
empresarial.
Más
despidos
La
industria bancaria no es ajena a este fenómeno. Los quince principales bancos
japoneses tienen planes de cerrar un total de 450 sucursales durante los próximos
cuatro años y de recortar gastos de explotación por una cantidad cercana a los
350.000 millones de pesetas. Además, han puesto en marcha planes de jubilación
anticipada cuadrienales para el 10% de sus empleados.
La
comunidad de negocios, encarnada en la influyente Federación de Organizaciones
Económicas (Keidanren), entre tanto, exige que el Gobierno permita que las
compañías con pérdidas de explotación netas superiores a los 15.000 millones
de pesetas puedan gozar de un periodo de 10 a 15 años libre de impuestos,
aliviando así la carga tributaria y facilitando su reestructuración. El actual
periodo de exención es de 5 años.
Por
su parte, el MITI estudia la extensión de los beneficios del seguro de
desempleo por un periodo adicional de 30 a 90 días, el otorgamiento de
subsidios a compañías que requieran capacitar a su personal y la puesta en
marcha de un plan que permita a las empresas transferir parte de sus operaciones
a otras, con el fin de que puedan concentrarse en la explotación exclusiva de
sus ventajas competitivas.
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