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24 de enero de 1997 Temporeros y asalariadosLa imagen del japonés asalariado; el samurái urbano, representa a tan sólo un tercio de la población activa del país. Los otros dos tercios de la fuerza laboral nunca han escuchado las palabras empleo vitalicio ni han podido ascender la difícil escala jerárquica de la industria japonesa. Sólo un 0,2 % de las corporaciones emplea a más de 1.000 trabajadores, por lo que también se nos desvanece la imagen de la corporación nipona repleta de asalariados y laberintos burocráticos. El 16 % de los puestos de trabajo los provee la mediana empresa (entre 100 y 1.000 trabajadores), último bastión dónde se encuentra, en estado puro, el empleo vitalicio. El perfil medio de la población activa es un hombre o una mujer que trabaja en la pequeña empresa. No recurre al transporte público para acudir al trabajo. Estas pequeñas empresas son, normalmente, subcontratistas de las grandes corporaciones y su propósito es manufacturarles partes y servir de colchón para aumentar la competitividad de la economía o superar las crisis y períodos de baja que tiene todo ciclo económico. Muchas de estas industrias son de propiedad familiar. A diferencia de otros países industrializados, donde el autoempleo o el trabajo familiar no supera una media de 15 % de la población activa, en Japón, éste llega a casi un 30 %. Es decir, un tercio de la población activa está a su suerte y no cuenta con las garantías ni con los beneficios del milagro japonés, mucho menos con empleo de por vida. El resto de la fuerza laboral navega otras aguas, de color más oscuro: el empleo temporal, que puede ir acompañado de contratos a plazo fijo; y el trabajo donde se paga estrictamente por horas, mejor conocido en japonés como arubaito. De ese modo, un tercio de la población activa trabaja en grandes y medianas corporaciones y goza de estabilidad. Otro tercio lo hace en pequeñas empresas de menos de 100 empleados, o negocios familiares que no cuentan con empleo asegurado; y por último, el sector de servicios (comercio, restaurantes, diversión, etcétera) termina absorbiendo a la masa más flexible de trabajadores, en su mayoría mujeres, que reciben un mero jornal. Lejos, muy lejos, queda la imagen de seguridad del empleo vitalicio. |
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