13 de julio de 1999

Enriquece al país y refuerza el Ejército 

Japón se transforma aceleradamente para mantenerse en el tablero de juego de las potencias

OSAKA (Nakamachi Press).- Tiempos de cambio arrecian en Japón. Pocas veces en la Historia universal un país ha cambiado tanto en tan poco tiempo sin que el resto del mundo parezca estar al corriente. Es una revolución silenciosa, la de los cabos que parecen sueltos, cuando en verdad están bien atados y responden a un inteligente plan que da la impresión de haber sido diseñado por el más eximio de los estrategas orientales de la escuela de Sun Tzu, el autor chino de «El arte de la guerra» y padre del espionaje.

Bien sabido es en círculos de inteligencia que un conflicto como el de Kosovo es la pantalla perfecta para mover piezas invisibles. Todos estos movimientos se realizan al amparo secreto de la atención cautiva: Occidente se concentra en la guerra de Kosovo y la opinión pública internacional se concentra en Occidente; un nudo de atención mutua que impide ver algo que esté fuera del círculo.

Analicemos, pues, las recientes movidas de pieza de Tokio, que quedaron ocultas o inconexas durante la guerra de los Balcanes:

1) Japón cede a la presión norteamericana y refuerza su tratado de seguridad con los Estados Unidos. El Parlamento aprueba en mayo de 1999 una serie de directivas que permiten a las Fuerzas de Autodefensa del país colaborar decididamente con las Fuerzas Armadas estadounidenses en conflictos que no tengan relación directa con la defensa de Japón, a la vez que autorizan la utilización por parte de Estados Unidos de infraestructura pública japonesa en caso de que sea necesario.

2) Japón se apresta a cambiar su Constitución pacifista. Obuchi respondió, no sin cierta molestia, a quienes criticaron la política oficialista: «la Constitución no es un texto sagrado», después de que la Cámara Baja aprobara el 6 de julio la creación de una comisión constitucional. Ahora sólo falta el voto del Senado para que el comité comience a estudiar futuras reformas. El gran partido de oposición, el Partido Demócrata de Naoto Kan es favorable a la transformación y por el momento ni el Partido Comunista ni los socialdemócratas de Takako Doi y Tomiichi Murayama tienen la fuerza política suficiente como para frenar la avanzadilla de Obuchi.

3) El conflicto comercial con Estados Unidos se agrava. Los industriales norteamericanos del acero presionan para que Washington imponga aranceles especiales al acero japonés, puesto que consideran que Japón compite deslealmente. Al mismo tiempo, el superávit comercial con los Estados Unidos crece inexorablemente.

4) Japón ha decidido salir de la crisis económica con una fuga hacia adelante, esto es que, en lugar de reestructurar por completo y a fondo los sectores financiero e industrial, prefiere devaluar su moneda e incrementar sus exportaciones. De esa forma, Japón carga el peso de la recuperación en los mercados de exportación como Estados Unidos y Europa, y está decidido a competir con los demás países industrializados de Asia. El Banco de Japón ha intervenido desde junio el mercado cambiario para asegurar la depreciación del yen respecto del dólar y proteger las exportaciones niponas.

5) Una comisión de estudio del Partido Liberal Demócrata (PLD), encargada de impulsar la puesta en marcha de una red japonesa de satélites espías, prepara los argumentos necesarios para que el público entienda las razones que el Gobierno de Tokio tiene para financiar un proyecto de 200.000 millones de yenes. Estados Unidos se opuso en un principio al plan, puesto que la provisión de servicios de inteligencia es un mecanismo de control de sus relaciones con Japón que no deseaba perder.

6) Mientras el PLD realiza los preparativos para conseguir la aprobación por parte del Parlamento del «Kimigayo» («El reino de Su Majestad») y del «Hinomaru» («El sol naciente») como el himno y la bandera oficiales de Japón, respectivamente, la Agencia de Policía Nacional y las Fuerzas de Autodefensa preparan un plan de contención de insurrección civil. Lo más probable es que el plan sea utilizado en caso de que el deterioro económico continúe y gatille protestas multitudinarias. Al mismo tiempo, el Parlamento estudia la aprobación de una ley que permita a las autoridades las escuchas telefónicas.

7) A las explícitas advertencias que hizo el saliente embajador de Japón en Estados Unidos, Kunihiko Saito, en marzo de 1999, de que Estados Unidos mantenga bajo el perfil de los roces comerciales o se haga cargo de un rebrote nacionalista japonés, se ha sumado la voz del saliente viceministro de Finanzas para Asuntos Internacionales, Eisuke Sakakibara, quien aboga porque Japón se una con Europa y haga frente común contra Estados Unidos. Curiosamente, Sakakibara dirigirá un centro de estudios internacionales que la Universidad de Keio pretende inaugurar en abril del año 2000. Un centro cuyas actividades tendrán, sin lugar a dudas, influencia en la política exterior de Tokio.

8) La pretendida amenaza balística norcoreana ha permitido que Tokio justifique gran parte de su política militar y de continuar Pyongyang con su programa balístico, éste sería la excusa perfecta para reformar el Artículo 9 de la Constitución japonesa, el cual restringe las actividades militares a la exclusiva función de defensa. A su vez, Japón ha podido estrechar sus lazos con China, país del cual depende en parte para convencer a Pyongyang de que suspenda el anunciado lanzamiento de un misil Taepodong-2. De paso, Japón ha aprovechado la situación para realizar negociaciones comerciales y comprometer a China a que le conceda cierta ventaja en la penetración de su mercado a cambio de inversiones directas en el sector de las telecomunicaciones. China, por su parte, cuenta con la ayuda de Tokio para superar los escollos que la mantienen fuera de la Organización Mundial de Comercio.

Es difícil de que Japón rompa sus vínculos militares con Estados Unidos; sin embargo, da la impresión de que Tokio busca obtener un mayor margen de autonomía y control dentro del marco de dicho convenio. Si rompiera con Estados Unidos, Japón desataría el pánico en los países de la región, a la vez que perdería su mayor mercado; y si, por el contrario, los estrechara sin hacerse con algunas cartas, Japón no tendría el espacio de maniobra necesario en caso de que la economía norteamericana entrase en la parte baja del ciclo económico y Washington se decidiera unilateralmente a cerrar sus mercados a los productos japoneses.

Mientras tanto, Japón puede jugar a favor y en contra de Estados Unidos: justificar su política exterior ante China, y al mismo tiempo buscar expandir sus exportaciones en la región sin que esto signifique la participación de Tokio en el eje ruso-chino, cuya formación utilitaria (atraer la atención de Occidente), con la guerra de Kosovo, ha quedado en evidencia. Dicha atención es disputada en la actualidad por Corea del Norte.

El Consejo Económico, organismo que asesora al primer ministro japonés, propuso el 5 de julio el plan económico sobre el cual Tokio fundará su política económica durante los próximos diez años. El plan se concentra en la creación de una industria basada en el conocimiento y en las nuevas tecnologías, con lo cual se puede esperar que los futuros estímulos económicos estén destinados a desarrollar ese sector.

El tiempo que tarde Japón en convertir su industria estará lleno de conflictos sociales, puesto que las medidas para frenar la caída económica y el desempleo son insuficientes. El Consejo Económico ha recomendado tratar con cuidado el tema de la contratación de mano de obra extranjera de baja cualificación, lo cual puede interpretarse como la preparación para el despido progresivo de dicha fuerza laboral.

Japón, pese a las estadísticas de crecimiento, continúa en una recesión: desde 1990 el mercado bursátil ha registrado una pérdida general de 60%; el valor de los inmuebles ha decrecido en un 75% y el valor en yenes del patrimonio japonés en el extranjero ha sufrido una caída del 50%, a raíz de la devaluación de las monedas extranjeras.

Aquí entran en juego las armas que el PLD viene forjando con sus aliados políticos, tales como el resabio nacionalista, los planes de contención de posibles alzamientos civiles y el reforzamiento de las actividades de inteligencia.

En conjunto, el sistema político japonés ha vuelto a poner en práctica el eslogan del periodo Taisho: «enriquece al país y refuerza el Ejército». Una nueva etapa de industrialización se ha puesto en marcha, calcada del patrón de los periodos Meiji y Taisho, con el fin de mantener a Japón en el tablero de juego de las potencias cuando despunte el tercer milenio. NP