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de julio de 1999 Enriquece al país y refuerza el EjércitoJapón se transforma aceleradamente para mantenerse en el tablero de juego de las potenciasOSAKA
(Nakamachi Press).- Tiempos de cambio arrecian en Japón. Pocas veces en la
Historia universal un país ha cambiado tanto en tan poco tiempo sin que el
resto del mundo parezca estar al corriente. Es una revolución silenciosa, la de
los cabos que parecen sueltos, cuando en verdad están bien atados y responden a
un inteligente plan que da la impresión de haber sido diseñado por el más
eximio de los estrategas orientales de la escuela de Sun Tzu, el autor chino de «El
arte de la guerra» y padre del
espionaje.
Bien
sabido es en círculos de inteligencia que un conflicto como el de Kosovo es la
pantalla perfecta para mover piezas invisibles. Todos estos movimientos se
realizan al amparo secreto de la atención cautiva: Occidente se concentra en la
guerra de Kosovo y la opinión pública internacional se concentra en Occidente;
un nudo de atención mutua que impide ver algo que esté fuera del círculo. Analicemos,
pues, las recientes movidas de pieza de Tokio, que quedaron ocultas o inconexas
durante la guerra de los Balcanes: 1)
Japón cede a la presión norteamericana y refuerza su tratado de
seguridad con los Estados Unidos. El Parlamento aprueba en mayo de 1999 una
serie de directivas que permiten a las Fuerzas de Autodefensa del país
colaborar decididamente con las Fuerzas Armadas estadounidenses en conflictos
que no tengan relación directa con la defensa de Japón, a la vez que autorizan
la utilización por parte de Estados Unidos de infraestructura pública japonesa
en caso de que sea necesario. 2)
Japón se apresta a cambiar su Constitución pacifista. Obuchi respondió,
no sin cierta molestia, a quienes criticaron la política oficialista: «la
Constitución no es un texto sagrado», después de que la Cámara Baja aprobara
el 6 de julio la creación de una comisión constitucional. Ahora sólo falta el
voto del Senado para que el comité comience a estudiar futuras reformas. El
gran partido de oposición, el Partido Demócrata de Naoto Kan es favorable a la
transformación y por el momento ni el Partido Comunista ni los socialdemócratas
de Takako Doi y Tomiichi Murayama tienen la fuerza política suficiente como
para frenar la avanzadilla de Obuchi. 3)
El conflicto comercial con Estados Unidos se agrava. Los industriales
norteamericanos del acero presionan para que Washington imponga aranceles
especiales al acero japonés, puesto que consideran que Japón compite
deslealmente. Al mismo tiempo, el superávit comercial con los Estados Unidos
crece inexorablemente. 4)
Japón ha decidido salir de la crisis económica con una fuga hacia
adelante, esto es que, en lugar de reestructurar por completo y a fondo los
sectores financiero e industrial, prefiere devaluar su moneda e incrementar sus
exportaciones. De esa forma, Japón carga el peso de la recuperación en los
mercados de exportación como Estados Unidos y Europa, y está decidido a
competir con los demás países industrializados de Asia. El Banco de Japón ha
intervenido desde junio el mercado cambiario para asegurar la depreciación del
yen respecto del dólar y proteger las exportaciones niponas. 5)
Una comisión de estudio del Partido Liberal Demócrata (PLD), encargada
de impulsar la puesta en marcha de una red japonesa de satélites espías,
prepara los argumentos necesarios para que el público entienda las razones que
el Gobierno de Tokio tiene para financiar un proyecto de 200.000 millones de
yenes. Estados Unidos se opuso en un principio al plan, puesto que la provisión
de servicios de inteligencia es un mecanismo de control de sus relaciones con
Japón que no deseaba perder. 6)
Mientras el PLD realiza los preparativos para conseguir la aprobación
por parte del Parlamento del «Kimigayo» («El reino de Su Majestad») y del «Hinomaru»
(«El sol naciente») como el himno y la bandera oficiales de Japón,
respectivamente, la Agencia de Policía Nacional y las Fuerzas de Autodefensa
preparan un plan de contención de insurrección civil. Lo más probable es que
el plan sea utilizado en caso de que el deterioro económico continúe y gatille
protestas multitudinarias. Al mismo tiempo, el Parlamento estudia la aprobación
de una ley que permita a las autoridades las escuchas telefónicas. 7)
A las explícitas advertencias que hizo el saliente embajador de Japón
en Estados Unidos, Kunihiko Saito, en marzo de 1999, de que Estados Unidos
mantenga bajo el perfil de los roces comerciales o se haga cargo de un rebrote
nacionalista japonés, se ha sumado la voz del saliente viceministro de Finanzas
para Asuntos Internacionales, Eisuke Sakakibara, quien aboga porque Japón se
una con Europa y haga frente común contra Estados Unidos. Curiosamente,
Sakakibara dirigirá un centro de estudios internacionales que la Universidad de
Keio pretende inaugurar en abril del año 2000. Un centro cuyas actividades
tendrán, sin lugar a dudas, influencia en la política exterior de Tokio. 8)
La pretendida amenaza balística norcoreana ha permitido que Tokio
justifique gran parte de su política militar y de continuar Pyongyang con su
programa balístico, éste sería la excusa perfecta para reformar el Artículo
9 de la Constitución japonesa, el cual restringe las actividades militares a la
exclusiva función de defensa. A su vez, Japón ha podido estrechar sus lazos
con China, país del cual depende en parte para convencer a Pyongyang de que
suspenda el anunciado lanzamiento de un misil Taepodong-2. De paso, Japón ha
aprovechado la situación para realizar negociaciones comerciales y comprometer
a China a que le conceda cierta ventaja en la penetración de su mercado a
cambio de inversiones directas en el sector de las telecomunicaciones. China,
por su parte, cuenta con la ayuda de Tokio para superar los escollos que la
mantienen fuera de la Organización Mundial de Comercio. Es
difícil de que Japón rompa sus vínculos militares con Estados Unidos; sin
embargo, da la impresión de que Tokio busca obtener un mayor margen de autonomía
y control dentro del marco de dicho convenio. Si rompiera con Estados Unidos,
Japón desataría el pánico en los países de la región, a la vez que perdería
su mayor mercado; y si, por el contrario, los estrechara sin hacerse con algunas
cartas, Japón no tendría el espacio de maniobra necesario en caso de que la
economía norteamericana entrase en la parte baja del ciclo económico y
Washington se decidiera unilateralmente a cerrar sus mercados a los productos
japoneses. Mientras
tanto, Japón puede jugar a favor y en contra de Estados Unidos: justificar su
política exterior ante China, y al mismo tiempo buscar expandir sus
exportaciones en la región sin que esto signifique la participación de Tokio
en el eje ruso-chino, cuya formación utilitaria (atraer la atención de
Occidente), con la guerra de Kosovo, ha quedado en evidencia. Dicha atención es
disputada en la actualidad por Corea del Norte. El
Consejo Económico, organismo que asesora al primer ministro japonés, propuso
el 5 de julio el plan económico sobre el cual Tokio fundará su política económica
durante los próximos diez años. El plan se concentra en la creación de una
industria basada en el conocimiento y en las nuevas tecnologías, con lo cual se
puede esperar que los futuros estímulos económicos estén destinados a
desarrollar ese sector. El
tiempo que tarde Japón en convertir su industria estará lleno de conflictos
sociales, puesto que las medidas para frenar la caída económica y el desempleo
son insuficientes. El Consejo Económico ha recomendado tratar con cuidado el
tema de la contratación de mano de obra extranjera de baja cualificación, lo
cual puede interpretarse como la preparación para el despido progresivo de
dicha fuerza laboral. Japón,
pese a las estadísticas de crecimiento, continúa en una recesión: desde 1990
el mercado bursátil ha registrado una pérdida general de 60%; el valor de los
inmuebles ha decrecido en un 75% y el valor en yenes del patrimonio japonés en
el extranjero ha sufrido una caída del 50%, a raíz de la devaluación de las
monedas extranjeras. Aquí
entran en juego las armas que el PLD viene forjando con sus aliados políticos,
tales como el resabio nacionalista, los planes de contención de posibles
alzamientos civiles y el reforzamiento de las actividades de inteligencia. En
conjunto, el sistema político japonés ha vuelto a poner en práctica el
eslogan del periodo Taisho: «enriquece
al país
y refuerza el Ejército». Una nueva etapa de industrialización se ha puesto en
marcha, calcada del patrón de los periodos Meiji y Taisho, con el fin de
mantener a Japón en el tablero de juego de las potencias cuando despunte el
tercer milenio. NP |
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