15 de julio de 1999

El alto precio que Japón paga por la ayuda China

Beijing es el principal mediador entre Japón y Corea del Norte

OSAKA.- Mucho antes de que el primer ministro Keizo Obuchi se embarcara con rumbo a China, el mundo entero sabía que Tokio pediría la colaboración de Beijing para contener la amenaza de Corea del Norte, nación empeñada hasta el último momento en lanzar uno de sus nuevos productos de exportación, el misil balístico Taepodong-2.

El Gobierno chino, que hace frente a una de las peores crisis económicas de su Historia y que se debate entre la continuación de las reformas económicas del primer ministro Zhu Rongji y la vuelta atrás, representada por la línea dura del presidente Jiang Zemin, sabía que Japón compraría a buen precio su mediación.

No es extraño, entonces, que Tokio haya firmado con Beijing un acuerdo de última hora para la entrada de China en la Organización Mundial de Comercio (OMC), sabiendo que el apresurado trato irritaría a Estados Unidos. Washington insiste en que China ceda a las presiones de Occidente y abra de una vez sus mercados. La protesta, por tanto, no tardó en venir: el subsecretario norteamericano de Comercio se quejaba el 14 de julio de la mano blanda de Japón y de cómo éste dejaba a Estados Unidos la difícil labor de obtener concesiones comerciales por parte de China.

Llamada desde Beijing

El sector más jugoso del mercado chino continúa siendo el de las telecomunicaciones: 1.000 millones de chinos aguardan con ansias el momento en que puedan descolgar el auricular de un   teléfono para hacer una llamada. China desea cargar el peso de las inversiones directas a los países interesados en explotar dicho mercado y se cree que consiguió un trato preferente por parte de Japón. Por «preferente» entiéndase aquí que la mayor parte de las inversiones de capital correrán por cuenta de Japón, una fórmula china de hacer negocios según la cual carga toda la incertidumbre de los futuros beneficios en la apuesta extranjera.

Sin embargo, Beijing no se conforma con las inversiones niponas y desea que Japón reduzca su presencia militar en la zona y minimice el perfil de sus relaciones con Estados Unidos en materia de seguridad. A China le preocupa sobremanera la fabricación conjunta entre Japón, Estados Unidos y Taiwan de una red de defensa antimisiles, puesto que podría indicar el comienzo de una prospera relación en el campo de las operaciones defensivas, las cuales obstaculizarían la recuperación de Taiwan, la provincia renegada.

Extrañas coincidencias

El 14 de julio, después de numerosas protestas y amenazas por parte de Japón para que Corea del Norte suspendiera el anunciado lanzamiento del misil Taepodong-2, el subsecretario de prensa de Tokio dijo que su Gobierno contaba con información de inteligencia que señalaba que el lanzamiento del misil no era inminente y que no ocurriría en el futuro cercano. Cabe hacer notar que el comunicado se efectuó al tiempo que una delegación político-militar norcoreana efectuaba una visita a China. ¿Cumplía China su parte del  trato?

Es obvio que la pérdida de control de la situación en Corea del Norte y en la región preocupa demasiado al país del Sol Naciente. Sin duda alguna, Tokio está reevaluando su política exterior y es muy probable que busque en el futuro un fortalecimiento militar que le evite tener que pagar el alto precio que ha pagado esta vez en China.

Beijing ha cobrado caro por sus servicios y Tokio los ha pagado a regañadientes; pero el triunfo político de Beijing podría ser uno de los últimos que consiga. China se arriesga a despertar el fantasma del militarismo japonés. Su constante cuestionamiento de los lazos militares nipón-estadounidenses y el alto precio que ha puesto a su influencia en Corea del Norte podrían obligar a Tokio a buscar una vía alternativa: la de su propia supremacía militar en el Nordeste asiático.